No me florees, Principal

La mordaza contra Christopher Acosta (y el periodismo peruano)

Publicado: 10/01/2022
3 minutos

¿Por qué la sentencia al autor del libro ‘Plata como cancha’ es un peligroso precedente para el oficio?

Desde hoy los periodistas, investigadores e incluso los académicos tenemos una mordaza para escribir. La sentencia dictada por el juez Raúl Jesús Vega contra el periodista Christopher Acosta por el libro Plata como cancha: secretos, impunidad y fortuna de César Acuña, marca un precedente que atenta contra la libertad de prensa en el Perú.

En sus más de 160 páginas esta obra editada por Penguin Random House narra cómo creció el poder político de un empresario que ha lucrado con la educación y ha amasado una fortuna cuyo origen aún se desconoce. Un personaje que ha esquivado la justicia en reiteradas ocasiones gracias a leguleyadas debajo de la mesa. El valor de este libro es que Acosta lo investigó mientras la sociedad solo coleccionaba los memes sobre Acuña.

Mientras el juez Jesús Vega consideró que 35 de las 55 frases del libro -base de la demanda de Acuña- son difamatorias, Acosta señala que cada línea de su obra es corroborable. Quien escribe puede dar fe de ello. Durante tres meses buceé en los archivos de la Biblioteca Nacional con un propósito: hallar los antecedentes de César Acuña en la década de los noventa y dos mil para establecer una línea de tiempo de su vida en Trujillo, donde pasó de ser un promotor educativo a un gobernador regional, dueño de un conglomerado de universidades.

El seguimiento de Acosta hacia Acuña data de por lo menos diez años. En el pasado, revelamos juntos los aportes fantasmas a su partido Alianza para el Progreso (APP), cuando postuló a la Presidencia de la República en el 2016. Hemos integrado una Unidad de Investigación que descubrió cómo Acuña le arrebató la autoría de un libro a un profesor suyo. Por todo eso, y porque colaboré con la recopilación de información para Plata como cancha considero, que esto es un fallo injusto que atenta contra todo el gremio periodístico y que contradice a cualquier país que se precia de tener libertad de prensa.

El mensaje que Acuña y sus abogados pretenden dar a la sociedad es claro: no investigues a los poderosos porque saldrás mal parado. Por si no lo sabe, una función esencial del periodismo es dudar e incomodar al poder. Creo que el ego de Acuña ha sepultado sus pocas posibilidades de llegar a ser presidente y ha demostrado cabalmente que lo que dice el libro es cierto: “Si César Acuña no fuera rico, estaría, muy probablemente, preso”.

Acosta ha apelado la decisión del juez Jesús Vega. Le espera un proceso engorroso que estoy segura solo lo fortalecerá. Mi solidaridad con él y con la editorial. El tiempo dirá si efectivamente los libros que son silenciados terminan siendo un búmeran para el “afectado”.