Mi chamba, Principal

Cerrar para empobrecer más

Publicado: 03/06/2021
4 minutos

“Hoy ni los botones de las camisas son nuestros”. Esta frase del candidato Castillo muestra una visión equivocada de la economía y que de cerrar el país al mundo, las consecuencias las pagarán los que menos tienen.

El candidato Pedro Castillo ha mostrado, tanto en su “Plan al Bicentenario Sin Corrupción«, como en una serie de declaraciones a lo largo de su campaña, que no cree en una economía abierta. Sin embargo, estas ideas han empobrecido a todos los países que lo han implementado, debido a que se protege al productor nacional a costa de subir los precios y castigar al consumidor. Acá te lo explicamos.

El ingeniero economista Juan Pari, miembro de Perú Libre, declaró en el debate técnico que el modelo: “Nos ha llevado a ser dependientes y a no tener soberanía alimentaria”. Sin embargo, la idea de soberanía alimentaria parte de la idea colectivista donde todo el resto de peruanos tendremos que comprar por obligación a los productores nacionales así lo vendan muy caro o con baja calidad. Esta idea destruye la competitividad y perjudica al consumidor.

Las importaciones son un derecho para el consumidor. Si el productor nacional no produce aquello que la gente necesita, negarle la posibilidad al consumidor de comprar productos importados es atentar contra su derecho a tener los mejores productos posibles. En todo caso, lo que se debe buscar es que la producción nacional mejore y se adecúe a la demanda de los consumidores, para que así todos ganen: el productor y el consumidor. Con la medida de Perú Libre se condena al consumidor a subsidiar al productor.

“Hay algo que se ha estigmatizado, que Pedro Castillo cerrará las inversiones, las importaciones, la frontera. Lo que hemos dicho es que el Perú no puede seguir importando los productos que el mismo pueblo tiene. Me refiero, por ejemplo, a la papa que viene producida en otros países, mientras aquí se pudre en las chacras de las familias peruanas”, declaró recientemente Pedro Castillo.

Pero este argumento es demagógico. La importancia del mercado de la papa reside en que es la principal fuente de ingresos de más de 710 mil familias ubicadas principalmente en las zonas andinas de nuestro país. Sin embargo, la importación llega a penas a 1% de la producción nacional, es decir 53 de 5,331 mil toneladas de papa. De acuerdo a estas cifras del Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri), no corresponde a una situación que amenace la producción nacional.

Asimismo, estas importaciones no compiten con la producción nacional porque no son el mismo producto. El 52 % de esta papa es congelada y pre-frita, el 33 % es papa deshidratada, el 15 % son snacks y el resto comida instantánea. Por lo tanto, ¿es realmente lo que «el pueblo produce» como dice Castillo? No. No lo es. Prohibir estas importaciones sólo perjudicaría a los consumidores de estos productos.

En los detalles está el diablo. Por eso cada cosa se debe analizar a detalle. Las importaciones también son un derecho del consumidor. Y los resultados económicos muestran que los países abiertos son mucho mejores que los países cerrados. No es un asunto sujeto a la controversia o a la especulación. Los países más abiertos son seis veces más ricos que los países cerrados al exterior. ¿Y por qué?

Pongamos un ejemplo. Si cerrar la economía fuese bueno, ¿por qué cerrar sólo el país? Cerremos por regiones. Que cada región produzca lo que necesita. O mejor, cerremos por pueblos. Que cada pueblo produzca lo que necesita. O por familias, o por personas… Al final, terminaremos cultivando y cazando nuestra propia comida como en la prehistoria. Es la división del trabajo y el intercambio lo que nos hace más ricos y nos permite mejorar nuestro nivel de vida. Lo demás son cuentos.

Por último, dice Pedro Castillo que: “Importaremos lo que el país necesita”. ¿Y quién es usted para decir qué es lo que «el país necesita»? El país como abstracción no lo representa el candidato. Castillo. El país somos todos. Y ponerse uno a decidir desde arriba, qué es lo que la gente debe consumir o no, es esencialmente autoritario. No existe tal cosa como la voluntad del país, existe la voluntad de cada persona, y las necesidades de cada una de ellas.

Raúl Labarthe
Ingeniero industrial, egresado de la Universidad de Lima, con estudios en economía, gestión y finanzas públicas. Columnista en el Diario El Reporte, fue jefe de investigación económica en la Asociación de Contribuyentes del Perú y asesor parlamentario.
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