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¿Por qué es importante y necesaria la inversión privada?

Publicado: 26/03/2021
6 minutos

Si no incentivamos la inversión privada, será muy difícil que la recaudación se recupere y regrese a los niveles antes de la pandemia.

Este jueves les contamos que, en el 2020, el gobierno central recaudó 17.4% menos en impuestos respecto al 2019. Eso equivalía a la bicoca de S/17,600 millones, un sencillo. Ese dinero que el Estado no pudo recaudar generó un gran forado en las arcas públicas. El déficit fiscal en el 2020 llegó a ser de 8.9% del PBI (el más alto desde 1990). Eso quiere decir que los gastos en el Estado fueron mucho más altos que los ingresos (impuestos) y para rematar la situación, la deuda pública se incrementó de 27% en el 2019 a 35% del PBI en 2020.

Sin embargo, con el artículo del jueves solo vimos el total de lo recaudado (y algunas variaciones reales). No mostramos cuál fue el comportamiento de otros impuestos ni explicamos el sistema tributario. Aunque, siendo honestos, explicar todo el sistema tributario tomaría mucho tiempo y un gran espacio que no creo que mi editor me permita. Así que vamos a mencionar los impuestos que el gobierno central administra y controla (que son 10) y después vamos a ver el comportamiento que han tenido los cuatro impuestos más importantes.

El gobierno central administra y toma decisiones sobre 10 impuestos: Impuesto a la Renta (IR) de personas naturales y jurídicas; el Impuesto General a las Ventas (IGV, pero que en realidad son dos en uno, dado que contiene al Impuesto Promoción Municipal, IPM. Es decir, el IGV es 16% y el IPM es 2%; lo que suma 18%); el Impuesto Selectivos al Consumo (ISC); los Derechos de Importación (más conocidos como aranceles); el Impuesto Temporal a los Activos Netos (ITAN). Hasta acá, vamos cinco impuestos.

Luego tenemos el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF); Impuesto Especial a la Minería (IEM); el Impuesto a Juegos de Casino y Máquinas Tragamonedas; el Impuesto Extraordinario para la Promoción y Desarrollo Turístico Nacional; y el Impuesto a las Ventas de Arroz Pilado (IVAP). De esta lista, los más importantes son los cuatro primeros. El IR, IGV, ISC y los aranceles. Veamos la gráfica N°1 para ver cómo se han comportado en los últimos años.

Si el total de lo recaudado cayó en más de 17%, sus componentes también tienen que tener un comportamiento similar. El IR cayó en 14.8%, el IGV lo hizo en 14.4%, el ISC se desplomó en 17.3% y los aranceles, la línea azul pegada al eje horizontal, se fue de cara al piso en un 20% (ojo que las variaciones son reales, es decir, consideran a la inflación). Notemos que, en los 21 años analizados, en promedio, el 54% de lo recaudado por el gobierno central es gracias a impuestos indirectos como el IGV. Impuestos directos, como el IR, solo contribuyen con el 37% para el mismo período.

Y dirán “bueno, las cosas mejorarán el 2021…”. Uhmm, tampoco pinta muy bien que digamos. Aunque no está en la gráfica, solo los aranceles cayeron 26% en enero 2021. El tema ahora es cómo revertir esta situación y hacer que la recaudación de cada uno de los impuestos vuelva a crecer, lo cual es clave para que el Estado pueda satisfacer necesidades que muchos sectores de la población demandan (y no estarse endeudando). Una gran parte de la solución pasa por incentivar la inversión privada. Veamos el gráfico N°2.

El gráfico muestra cómo creció, año a año, la inversión privada en términos reales. Y cuánto equivale lo invertido en términos de PBI. ¿Por qué es importante la inversión privada? Porque posee un gran impacto tanto en el corto plazo como en el largo plazo. En el corto plazo impulsa, con gran fuerza, el PBI y toda la demanda (de todos los bienes y servicios). Y en el largo plazo, es determinante para el crecimiento económico.

Y esta inversión refleja la apuesta de todos los agentes económicos de todas las clases sociales. Es decir, desde la señora que adquiere un carrito sanguchero o anticuchero para vender en la calle, la señorita de 24 años que apostó e invirtió en una tienda en polvos azules, en el señor que le pidió a su hijo que lo ayude en abrir una segunda tienda de la ferretería que maneja hace 20 años, el restorán que abrió un tercer local, la pareja de jóvenes que, con dos hijos, al iniciar la pandemia se quedaron sin trabajo y comenzaron a vender postres y por lo bien que les fue, invirtieron en comprar una panadería.

Claro, a lo anterior, se le puede sumar la gran inversión de un nuevo centro comercial, o la inversión que realizan las eléctricas o empresas de hidrocarburos o cualquier gran industria o la inmensa inversión que el proyecto minero Quellaveco, en Moquegua, viene ejecutando. Básicamente, estos tipos de inversiones son lo que se muestran en los medios, pero dejemos claro que la inversión privada es todo lo que a futuro nos permitirá generar riqueza. Es la clave del progreso.

Cuando existieron auges de inversión privada (2003-2008 y 2010-2013), no solo se crearon nuevos empleos y más y mejores bienes y servicios. También se creó un capital que produjo y que le retribuyó al Estado más recaudación para proveer de bienes públicos y otorgar transferencias directas. Es vital incentivar que la inversión privada retorne a una senda alto de crecimiento. Y un gran incentivo podría ser reducir o eliminar impuestos (que ojo, posiblemente hagan caer más la recaudación, pero para en pocos años aumentarla).

Piensa.pe se comunicó con un experto en tributación, Francisco Pantigoso, y sobre reducción de tasas nos dijo lo siguiente: “Sí, en tiempos de recesión, reducir tasas es viable. Reactiva el desarrollo empresarial y la demanda aumenta porque se tienen más flujos. El Estado es un accionista impuesto. Se lleva el 29.5% de las ganancias, y no se está mojando. Lo mejor sería decir: Ok, no te cobro, pero eso me lo inviertes. Incentivos por inversión. Los impuestos son necesarios, pero deben ir de la mano con la realidad económica”.

El Estado es el promotor de la inversión. Si el Estado requiere algo y no existe intención de los privados por invertir, sí es posible que el Estado lo haga. La Constitución lo permite, eso sí, a través de una ley. ¿Por qué? Porque hazte fama y échate a la cama, pues. Cuando el Estado fue empresario, fue una desgracia. Las inversiones que realizó no generaron valor. Se llegó a tener más de 200 empresas estatales, las cuales en un momento dado, estuvieron déficit permanente, con pérdidas millonarias (las cuales fueron asumidas por todos los ciudadanos).

En estas elecciones votemos por quien pueda y quiera hacer que la inversión privada vuelva a crecer. Por quien se dé cuenta que mientras más inversión exista, más crecerá el PBI y más recursos habrá para invertir en servicios públicos, como educación y salud, y a mayor riqueza, más bienestar se alcanzará.

Manuel Muñoz
Economista enfocado en lo financiero y políticas públicas, doglover, la pandemia me regresó al mundo gamer. Una sociedad educada y con libertad económica es lo primordial para el desarrollo
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